 |
Desde el primer momento se vería con claridad que el mudéjar es arte
esencialmente funcional. Si en un principio los cristianos tuvieron que
conformarse con los edificios musulmanes que pasaron a su propiedad,
pronto se revelaría necesario construir nuevos tempos y conventos y
sustituir las antiguas mezquitas -convertidas en iglesias mediante su
consagración litúrgica y la mera adición de imágenes cristianas- por
oratorios más apropiados a los ritos occidentales que requerían un
espacio propio.
Así, en algunos casos se aprovecharían las naves de las mezquitas,
haciéndolas confluir en un presbiterio, y en otros se construirían
iglesias de nueva planta. De cualquier manera, cuando el clero
emprendía la edificación de un nuevo templo tenía que acudir en buena
lógica, a los maestros más diestros o a la mano de obra más barata. Y
las dos condiciones se reunían en la población mudéjar.
El tipo de edificio, sin embargo, vendría impuesto por las necesidades
del culto. è
|