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El hecho de que existiera una densidad de mudéjares tan importante
entre las gentes que se dedicaban a la construcción y a las artesanías
relacionadas con ella tenía que dejar, forzosamente, una huella visible
a la legua. En nuestro lenguaje cotidiano intervienen palabras que se
incorporaron al castellano en aquellos siglos en que los musulmanes
ponían nombre a lo que hacían para los cristianos: alcoba, aljibe,
alberca, adobe, tapia, azotea, anaquel, alicatado, alféizar, alacena,
azulejo, albañil… Las resonancias árabes de estas palabras tan
frecuentes son sólo un testimonio más de lo cercano que sigue estando
nuestro pasado, presente en las cosas más cotidianas. n
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