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ALCAZARÉN,
La cabecera de la Iglesia de San Pedro, única parte conservada del
primitivo templo del siglo XIII, constituye uno de los más interesantes
exponentes de decoración de arcos ciegos. El ábside se ciñe con tres
fajas de arcos doblados de distinta altura y dispuestos en una vertical
alterna, lo que se traduce en un cambio de ritmo que genera cierta
sensación de rotación. Este dinamismo se ve acentuado por la curva
que describe la capilla y por el juego de luces y sombras de los arcos.
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